'Anatomía de un escándalo' es otra muestra más de los thrillers olvidables de Netflix en 2022
Críticas
'Anatomía de un escándalo' es otra muestra más de los thrillers olvidables de Netflix en 2022

Una premisa potente y buenos actores que se acaban diluyendo en una propuesta mucho menos sólida de lo que parecía. La ristra de thrillers que Netflix ha estrenado en este 2022 han seguido casi todos esa línea, y 'Anatomía de un escándalo' no se libra de ella pese a tocar un tema muy de actualidad y tener al frente del reparto a Rupert Friend, Sienna Miller y Michelle Dockery.

Por Marina Such - 18 Apr 2022

Secretos del pasado, familias acomodadas que se tambalean por una acusación contra uno de sus integrantes, revelaciones en cada episodio para mantener al espectador enganchado... Los thrillers que Netflix ha estrenado en lo que llevamos de 2022 se han construido en su mayoría con estos elementos básicos, y también han seguido la línea de tener una premisa atractiva que luego no se exploraba en profundidad. El último de ellos en aterrizar en la plataforma, por ahora, es Anatomía de un escándalo, adaptación de una novela de Sarah Vaughan que se mete con un asunto muy de actualidad en el Reino Unido: la impunidad que da a los políticos británicos el ambiente de club masculino en el que todos ellos se educaron.

El ex primer ministro David Cameron se vio, por ejemplo, en medio de un escándalo en 2015 por unos extraños "rituales" que realizaba el club en el que estaba en Oxford, la Piers Gaveston Society, formado por una docena de estudiantes adinerados que se dedicaban a las fiestas más decadentes. Es difícil no pensar en eso (y en obras anteriores como The Riot Club) según se va descubriendo el pasado de James Whitehouse (Rupert Friend), prometedor político conservador británico que es el más popular del gobierno y que, por supuesto, parece tenerlo todo: una carrera en ascenso, una familia perfecta con una esposa ideal y una imagen intachable.

Hasta que una de sus ayudantes lo acusa de violación y toda esa aparente perfección se resquebraja. Su mujer (Sienna Miller) empieza a cuestionarse si alguna vez ha sabido de verdad quién era su marido y la fiscal (Michelle Dockery) se da cuenta de que el caso va a obligarla a enfrentarse a su propio trauma del pasado, algo que puede dar al traste con todo su trabajo.

James y Sophie Whitehouse son la pareja aparentemente perfecta en el centro de 'Anatomía de un escándalo'.
James y Sophie Whitehouse son la pareja aparentemente perfecta en el centro de 'Anatomía de un escándalo'. / Ana Cristina Blumenkron (Netflix)

Anatomía de un escándalo llamó inicialmente la atención porque uno de sus creadores es David E. Kelley, que está viviendo una segunda juventud creativa desde el éxito de Big Little Lies. Su nombre hace que, al principio de la serie, sea inevitable acordarse de The Undoing, otra en la que una mujer de clase alta ve cómo su marido es acusado de algo terrible y todo su mundo se desmorona. Aquella ficción era muy consciente del privilegio del que disfrutaba el matrimonio formado por Hugh Grant y Nicole Kidman por ser ricos, blancos y porque la familia de ella ya gozaba de buena posición, y esta busca exponer las consecuencias que eso tiene cuando esos hombres privilegiados alcanzan puestos de poder.

Eso es lo más destacado de la serie, de hecho. Todo nace del comportamiento egocéntrico, arrogante, de sensación de hacer lo que quieran, cuando quieran, sin rendir cuentas a nadie, que tienen esos políticos cuando están en la universidad. Es un comportamiento que tienen grabado a fuego desde los elitistas internados privados donde han estudiado de adolescentes y que trasladan a Oxford, en este caso, con sus clubes masculinos en los que se visten de frac para destrozar habitaciones de pub, tirar por la ventana el champán más caro posible y creer que ninguna chica se les puede resistir.

La crítica hacia el tipo de política, y el clima en el gobierno, que esos hombres facilitan se queda, sin embargo, diluida en la falta de garra que tiene toda la historia. James Whitehouse no es capaz de pensar ni en las consecuencias de sus actos ni en nadie que no sea él mismo, y su mujer proviene del mismo ambiente que él y peca de lo mismo. Va abriendo los ojos poco a poco, pero resulta difícil que nos interese algo de lo que le ocurre cuando se pasa media serie creyendo que sus conexiones y su fortuna los va a salvar.

Naomi Scott interpreta a Olivia, la amante de James Whitehouse, en 'Anatomía de un escándalo'.
Naomi Scott interpreta a Olivia, la amante de James Whitehouse, en 'Anatomía de un escándalo'.

Y luego está el giro culebronero que Anatomía de un escándalo da para impactar al espectador en su mitad final. Quiere asociar toda la trama a algo que sea muy personal para todos los protagonistas, algo que termine de sacar a Sophie Whitehouse de su estupor de pija que no se entera de nada, pero justo resta fuerza a la tesis que siempre ha estado de fondo en todos sus episodios. E ignorar prácticamente a Olivia Lytton (Naomi Scott), la mujer con la que James tiene una aventura y que lo acusa de violación, aún mina más ese propósito que sobrevuela sobre todas las conversaciones que el político tiene con el primer ministro (que es su mejor amigo) y con el responsable de prensa, conversaciones que exponen ese clima de impunidad y de "solo son chicos jóvenes" que excusaba cualquiera de sus comportamientos aborrecibles.

Es una lástima que ese lado personal nunca funcione, ni siquiera en Kate Woodcroft, la fiscal, que sí da pinceladas de ser un personaje a quien merecería la pena seguir cuando interacciona con la abogada de la defensa. Esa relación de colegas es uno de los detalles que se salva de Anatomía de un escándalo, igual que la manera en la que los flashbacks juegan con de quién es cada recuerdo que vemos y el fabuloso vestuario, sobre todo, el de Sophie Whitehouse.

Pero la historia nunca consigue ser memorable, pese a que tenga todos los elementos para ello. Rupert Friend y Sienna Miller dan bien el tipo de ricos que se creen por encima de todo de los Whitehouse, pero resultan poco interesantes juntos y también cuesta empatizar con la "caída del caballo" de ella, que ha estado ciega a todas las señales de que su marido es más turbio de lo que parece porque, al fin y al cabo, el privilegio de clase tira más. Y Kate tampoco termina de estar del todo bien perfilada más allá de una herramienta para "despertar" a Sophie.

El sino de Anatomía de un escándalo es verla sin demasiado entusiasmo y olvidarla.