'Dos años y un día' llega a ATRESplayer Premium para demostrar que es mucho más que una comedia sobre los límites del humor
Críticas
'Dos años y un día' llega a ATRESplayer Premium para demostrar que es mucho más que una comedia sobre los límites del humor

ATRESplayer Premium estrenó ayer los dos primeros capítulos de 'Dos años y un día', la comedia carcelaria protagonizada por Arturo Valls que apunta a convertirse en una de las series del verano, y os contamos qué nos han parecido.

Por Laura Mateos - 04 Jul 2022

Dos años y un día es ficción, pero no mucha, porque su premisa puede parecernos totalmente plausible y hasta familiar teniendo en cuenta las polémicas de los últimos años: un actor, presentador y cómico que acaba en prisión tras ser condenado a la pena mínima de dos años y un día por hacer un chiste sobre la virgen. ¿Entendéis ahora por qué no nos parece tan descabellada la idea, no?

El famoso en cuestión es Carlos Ferrer, que está interpretado por un Arturo Valls al que el papel le viene como anillo al dedo y se luce en cada escena, incluso en aquellas en las que solo tiene que huir mientras el guardia interpretado por Fernando Gil le recuerda a gritos que en la cárcel "¡no se corre!". Perdón, de la C.Á.R.C.E.L, porque esta no es una prisión normal y, si ya nos parecían innovadores los uniformes amarillos de Vis a vis, aquí van un paso más allá y visten a los presos con unos monos rosas a juego con el color pastel de las paredes. Y es que, Laura Ruibal (Adriana Torrebejano), la directora del lugar, cree en el poder de un ambiente amable para la reinserción de los presos.

Adriana Torrebejano encarna a la peculiar directora de esta no menos peculiar prisión.
Adriana Torrebejano encarna a la peculiar directora de esta no menos peculiar prisión.

Un ambiente amable que incluye noches de cine, fiestas de despedida con polvillo de ganchitos y hasta un grupo de teatro que Laura insiste en que dirija Carlos. Porque Laura es muy fan del presentador. MUY. Y para ella la llegada del cómico a su C.Á.R.C.E.L es un motivo de celebración.

Los dos primeros capítulos sirven para introducirnos, además, a la novia de Carlos (Amaia Salamanca) y a los distintos personajes de la prisión, entre los que encontramos a un capellán interpretado por Manuel Galiana que nos regala un final del segundo capítulo redondo, un camello contracturado al que da vida Moreno Borja, un fanático de la virgen interpretado por Michael John Treanor y un compañero de celda obsesionado con ¿evitar? el suicidio del resto de presos al que encarna Javier Botet.

Y vamos a hacer un parón aquí porque lo de Javier Botet es muy fuerte. Ya sabíamos que molaba y su trayectoria cinematográfica como monstruo lo demuestra (abarcando producciones nacionales como REC y grandes títulos internacionales como It o Expediente Warren: El caso Enfield ). Pero es que, además de esto, Botet ha demostrado tener un talento innato para la comedia que le convierte en el "robaescenas" perfecto, porque cuando aparece en plano es imposible apartar la mirada.

Javier Botet destaca entre los secundarios como Adolfo, un recluso obsesionado con el suicidio.
Javier Botet destaca entre los secundarios como Adolfo, un recluso obsesionado con el suicidio.

Este talento para la comedia ya lo demostró, por cierto, en El fin de la comedia, que, además de Ignatius Farray, contaba como creadores con el tándem formado por Raúl Navarro y Miguel Esteban, que vuelven a repetir en esta ocasión junto a Luismi Pérez y Sergio Sarria (Nasdrovia). Navarro (El vecino, La reina del pueblo) se encarga también de la dirección de los tres primeros capítulos, mientras que los tres últimos recaen en manos del cómico Ernesto Sevilla (Capítulo 0, Camera Café, la película).

Dos años y un día ha conseguido asentar en sus dos primeros capítulos la base de lo que promete ser mucho más que una comedia sobre los límites del humor y la libertad de expresión, con el sello personal de un equipo creativo que ha demostrado en los últimos años que saben hacer comedia y lo hacen muy bien.