'Los campos de la muerte de Texas' es el raro true crime de Netflix que pone a las víctimas en su centro
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'Los campos de la muerte de Texas' es el raro true crime de Netflix que pone a las víctimas en su centro

La serie 'Escena del crimen' se detiene en su tercera entrega en los llamados "campos de la muerte de Texas", descampados cerca de Houston donde se encontraron los cuerpos de jóvenes que habían desaparecido meses antes. El true crime se centra esta vez no en el elusivo asesino en serie responsable, sino en las consecuencias que tiene en las familias de las víctimas que los casos lleven años sin resolver.

Por Marina Such - 12 Dec 2022

Escena del crimen es una de las series de true crime más veteranas de Netflix, junto con Conversaciones con asesinos y Misterios sin resolver. Todas sus entregas han girado en torno a casos que destacaban por presentar una escena del crimen bastante espectacular y muy mediática. La primera contaba la misteriosa desaparición de una joven en el ya desaparecido hotel Cecil de Los Ángeles; la segunda se centraba en el llamado Asesino del Torso, que actuó en la zona de Times Square, en Nueva York, en la década de los 70, y la tercera se va a Texas para mostrar la inquietante historia de los "campos de la muerte", descampados boscosos y medio pantanosos cerca de Houston en los que han aparecido los cuerpos de jóvenes mujeres desaparecidas meses antes en la región.

Escena del crimen: los campos de la muerte de Texas tiene, desde luego, un título llamativo y una premisa que también ha inspirado la película Tierra de asesinatos (con Sam Worthington, Jeffrey Dean Morgan y Jessica Chastain): en vastos terrenos pertenecientes a una de las industrias petroquímicas de la zona, y que se encuentran a lo largo del trazado de la autopista I-45 entre Houston y Galveston, han aparecido más de treinta restos humanos desde finales de los 70 y hasta bien entrada la década de los 2000. Todos pertenecen a mujeres jóvenes cuya desaparición se había denunciado en la zona, algunas hasta más de un año antes, y no todas habían podido ser identificadas. Y todas sus muertes permanecen sin resolver o, por lo menos, sin que se haya podido acusar formalmente a nadie por ellas.

Una cosa que suele unir a las temporadas de Escena del crimen es su tendencia a regodearse en los detalles más morbosos del caso que explora. Se esfuerza en aportar contexto de la época para que el público pueda comprender mejor algunos de los elementos del caso, pero a veces le puede el sensacionalismo. La desaparición en el hotel Cecil es el ejemplo más claro de ello; se fuerza que los interrogantes de la historia duren más de lo aconsejable y se da un aura de misterio a algo mucho más fácil de explicar y, al final, más trágico que enigmático.

Los campos de la muerte de Texas, en su mayor parte, consigue evitar esa tendencia al eludir uno de los grandes pecados del true crime, que es la fascinación por los asesinos y el ninguneo a las víctimas. Hay dos buenos ejemplos de docuseries de este estilo que apuestan por otra ruta y aciertan en su enfoque (El asesino sin rostro y El destripador de Yorkshire), y esta tercera entrega de Escena del crimen sigue en parte su modelo al decidir que el centro de su historia sean los familiares de las víctimas y el precio que se ha cobrado el caso en ellos.

El principal protagonista en ese aspecto es Tim Miller, a través de quien empezamos a saber qué son los "campos de la muerte" (llamados así por la película Los gritos del silencio, que contaba la historia de los campos de la muerte" de la dictadura de los Jemeres Rojos en Camboya). Su hija Laura desapareció en 1984, con 16 años, y sus restos fueron encontrados dos años más tarde. Estaban a pocos metros de los de Heidi Fye, de quien no se había vuelto a saber nada en 1983. Su cadáver no apareció hasta 1984.

Tim Miller es uno de los personajes principales de 'Los campos de la muerte de Texas'.
Tim Miller es uno de los personajes principales de 'Los campos de la muerte de Texas'. / Cortesía de Netflix.

Miller no es el único familiar entrevistado por Jessica Dimmock (Cautivando a la audiencia); también conocemos a la sobrina de Heidi Fye, a los padres de Laura Smither, secuestrada en 1997, o a Marla, hijastra de uno de los sospechosos de los asesinatos, Clyde Heddrick. Sin embargo, el retrato de Miller permite hacerse una idea de cómo los años de, primero, incertidumbre por el paradero de su hija y, después, la sensación de que la justicia no estaba trabajando lo suficiente para encontrar a su asesino acaban marcando por completo su vida. Miller la ha dedicado a investigar por su cuenta el caso y, de paso, a ayudar a otras familias que están buscando a familiares desaparecidos en la misma zona. La tragedia va mucho más allá de la muerte de una adolescente.

Ahí es donde Los campos de la muerte de Texas se separa de los true crime habituales en Netflix. Ofrece contexto de la época, de cómo era Houston en los 60 y 70 y de cómo trataba la policía casos de desapariciones de jóvenes, asumiendo por defecto que se habían escapado de casa, pero es el peso de los años, la incertidumbre y la lentitud de la justicia en las familias de las víctimas lo que resulta realmente interesante.

Además, tampoco intenta exprimir de más la historia; en tres capítulos se cuenta perfectamente lo que ocurre, por qué ocurre y las consecuencias que tiene en el presente, y se ofrecen algunas respuestas a los enigmas presentados que, eso sí, no son definitivas. En este caso, que los casos sigan oficialmente sin resolver lleva a que la serie tome el enfoque más acertado a la hora de narrar la historia.