Crítica: 'La Casa del Dragón' cierra una temporada 1 irregular pero con grandes momentazos
Críticas
Crítica: 'La Casa del Dragón' cierra una temporada 1 irregular pero con grandes momentazos

'La Casa del Dragón' ha emitido en HBO Max el final de su temporada 1, que nos deja al borde de la Danza de Dragones. Repasamos lo que ha dado de sí una tanda de episodios marcada por la irregularidad, pero que ha tenido grandes momentazos y se ha construido dando más peso a los personajes femeninos.

Por Marina Such - 25 Oct 2022

Toda la temporada 1 de La Casa del Dragón estaba resumida en su primer episodio. La propia Rhaenyra adulta narraba en off el inicio de la historia afirmando que lo único que podía destruir a la Casa del Dragón era ella misma, Viserys le contaba a su hija que los dragones eran un poder incontrolable con el que los hombres nunca deberían de jugar y Rhaenys le advertía de que los señores del reino preferirían destruirlo y verlo arder antes que permitir que una mujer se sentara en el Trono de Hierro.

Cuando termina el último episodio, todas esas advertencias se han convertido en realidad. El arrogancia juvenil de Aemond, y su creencia de que domina a su dragón, Vhagar, le lleva a forzar una situación que deriva en la muerte de Luke y, casi con total seguridad, en el comienzo de la guerra abierta. Otto Hightower y el resto del consejo conspira para arrebatarle el trono a Rhaenyra antes de que su padre muera y las rencillas internas, celos y envidias que la familia Targaryen ha estado albergando durante décadas estallan en la pelea por la sucesión de Viserys I.

Aemond Targaryen empieza la guerra de 'La Casa del Dragón' de manera fortuita.
Aemond Targaryen empieza la guerra de 'La Casa del Dragón' de manera fortuita.

Los diez episodios inaugurales de la serie han estado contando todo esto con la presión de estar a la altura de lo que se espera de una precuela de Juego de tronos, sobre todo en el lado de espectáculo que alcanzaron sus últimas temporadas. La temporada 1 también ha caído presa del mal habitual de las ficciones muy serializadas en la era del streaming, que es que esa tanda inicial de capítulos puede percibirse como un prólogo de la historia que realmente interesa contar, que en este caso es esa Danza de Dragones que tanto se menciona en la serie original.

Pero creer eso, aunque sea también cierto, sería obviar los hallazgos que ha tenido La Casa del Dragón, que han estado, principalmente, en el retrato del propio Viserys y de la relación de amor/odio entre Alicent Hightower y Rhaenyra Targaryen, las amigas de infancia que acaban convertidas en enemigas. Las maniobras políticas del padre de Alicent, Otto, empiezan a distanciarlas, y la obligación de que cumplan sus papeles en la corte acaban por romper cualquier amago de acercamiento. La falta de comunicación, los malentendidos y que los hombres a su alrededor las lleven por caminos opuestos hacen el resto.

No pocos fans han leído un subtexto romántico entre ambas (subtexto que las propias actrices han confirmado, especialmente Emily Carey y Milly Alcock, que interpretaban a sus versiones más jóvenes), y los dos últimos episodios de la temporada, cada uno centrado en una de ellas, muestra cómo las dos tienen un punto de vista muy similar sobre cómo hay que continuar el legado de Viserys (evitando derramamiento de sangre y buscando mantener la unidad del reino) y cómo, además, siguen pensando la una en la otra.

Otto, Alicent y Ser Criston Cole, en el consejo verde de 'La Casa del Dragón'.
Otto, Alicent y Ser Criston Cole, en el consejo verde de 'La Casa del Dragón'.

La situación en la que se encuentra, sobre todo Rhaenyra, da la medida de lo restringidas que están ambas en sus posiciones. Podrá ser la reina, pero incluso Daemon, el rey consorte, intenta pasar por encima de ella para lanzarse a una guerra que no dejará más que cenizas y huesos (la misma advertencia que les hacen en su momento a Daenerys y Cersei al final de Juego de tronos). Ella podrá llevar la corona, pero quienes manejan los hilos en realidad son los hombres que teóricamente deben de obedecerla, mientras Alicent no tiene más esperanza que intentar convencer a su hijo, el rey Aegon II, de que no haga tanto caso a las manipulaciones de su abuelo Otto.

La Mano del Rey es, desde el principio, el verdadero villano de la serie, un Meñique mucho más sibilino. También es el "malo" mejor construido, pues Ser Criston Cole se queda atascado en el tipo capaz de enviar porno de venganza porque Rhaenyra lo rechaza y Ser Larys Strong es, simplemente, un tío grimoso y sin escrúpulos. El asomo de enfrentamiento que el penúltimo episodio insinúa entre Alicent y Otto pyede ser muy interesante si se explora en la segunda temporada.

En lo que La Casa del Dragón ha sido digna heredera de Juego de tronos es en que su primera temporada ha sido más de momentazos que de mantener un nivel más o menos estable. En ese aspecto, episodios como el cuarto (El rey del Mar Angosto) y el octavo (El Señor de las Mareas) han sido los mejores de la entrega, mientras se han conseguido momentos muy emocionantes con la última vez que Viserys camina hacia el Trono de Hierro, la huida de Rhaenys en plena coronación de Aegon, la primera aparición de Rocadragón entre la niebla, el desastre de la boda entre Rhaenyra y Laenor Velaryon o el vistazo a la mesa pintada con el plano de Poniente que, un siglo más tarde, Stannis Baratheon utilizará para planificar su propia guerra sucesoria.

Rhaenyra y Otto, en el último momento de paz tensa en 'La Casa del Dragón'.
Rhaenyra y Otto, en el último momento de paz tensa en 'La Casa del Dragón'.

Los saltos temporales y los cambios de actores han jugado inicialmente en contra de la serie, sobre todo porque se ha tardado un poco en que los espectadores pillaran el truco de las versiones adultas de Rhaenyra y Alicent interpretadas por Emma D'Arcy y Olivia Cooke. Igualmente, esa rapidez en la narración ha lastrado la caracterización de un Daemon de quien solo nos ha quedado claro que su única pretensión es entregarse a sus deseos y ver el mundo arder, y algunos personajes no han conseguido escapar de unos arquetipos de brocha gorda (como ese Aegon prototipo de Joffrey Baratheon).

Para la segunda temporada habrá que esperar hasta 2024, pues su rodaje no arrancará hasta primeros del año que viene, y su showrunner, Ryan Condal, ha asegurado que ya no habría más elipsis de varios años ni cambios de actores. A veces, las series necesitan la primera temporada para encontrarse a sí mismas, saber qué les funciona y qué han de corregir. Es de esperar que La Casa del Dragón sea de esas, aunque la Dinastía con dragones que ha presentado su primera temporada ha sido, de todos modos, muy disfrutable. ¿Son Krystle/Linda Evans y Alexis/Joan Collins el estándar al que deben aspirar Rhaenyra y Alicent?