'Santo' es un thriller trepidante que apuesta por el impacto para enganchar al público
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'Santo' es un thriller trepidante que apuesta por el impacto para enganchar al público

Colores muy saturados, un asesino brutal con seguidores aún más brutales y unos policías con más grises morales de los que les gustaría reconocer. Esos son los ingredientes de 'Santo', un thriller de Netflix que no da descanso al espectador y que apuesta por ser impactante.

Por Marina Such - 19 Sep 2022

Qué mejor para un thriller que tener un villano que se cree un enviado de dios, a quien sus seguidores ofrecen sacrificios de sangre para derrotar a sus enemigos y ser invencibles, y a quien persiguen dos policías de moral comprometida. Ahí está la gran novedad de Santo, la serie española que Netflix estrenó el fin de semana y que sigue a dos policías, uno español y otro brasileño, que persiguen a un peligroso narcotraficante a quien nadie ha visto nunca la cara.

El atractivo de la creación de Carlos López (El Príncipe) es que se mete de lleno en lo que su punto de partida implica. Si nadie sabe quién es Santo, cualquiera puede serlo. Y si sus seguidores creen que son invisibles y que nadie va a detenerlos nunca, serán capaces de las acciones más temerarias y sanguinarias. Eso es algo que los espectadores más aprensivos deben de tener en cuenta: en la serie se sacrifican niños (aunque no se llegue a ver más que el resultado final), no se escatima con la sangre y, si alguien ejerce violencia, la ejerce con fuerza.

Las imágenes impactantes y un ritmo que no da descanso son los grandes activos de Santo para diferenciarse de otros thrillers televisivos. Maneja en ocasiones códigos más cercanos al género de terror y cuenta con unos actores que están siempre muy en su papel. El peso principal recae en Raúl Arévalo, cuyo personaje es el típico policía con unos lazos con el crimen organizado más que dudosos, y en Bruno Gagliasso, que tiene al personaje más "goloso" porque su Ernesto Cardona se ha metido tan a fondo en la persecución de Santo, que ha perdido el sentido de quién es.

Él, además, nos sirve como introducción al mundo del candomblé, una religión afrobrasileña animista de la que Santo se queda con rituales sangrientos que hace siglos que no se practican, y que solo responden a una derivación de dicha religión. Ernesto también es creyente, pero no de la misma manera, y esa importancia de la religión (los mafiosos con los que tiene tratos el inspector Millán son evangélicos) es otro aspecto diferencial de la serie, sobre todo porque muestra el peligro de que una persona como Santo se erija en una especie de sumo sacerdote para sus fieles.

La manera de contar la historia llama la atención, sobre todo al principio, con un primer episodio que parece más un resumen de lo más destacado de una película más larga, pero que enganchará a quienes prefieren que los episodios vayan directamente al meollo y no metan "relleno". El problema es que ese "relleno", a veces, sirve para construir a los personajes y es una desventaja para Millán y Susi (Greta Fernández), los dos policías españoles, que arrancan demasiado esquemáticos y convencionales.

Bruno Gagliasso es Ernesto Cardona, obsesionado en atrapar al narco en 'Santo'.
Bruno Gagliasso es Ernesto Cardona, obsesionado en atrapar al narco en 'Santo'. / Manolo Pavón (Netflix)

De hecho, Santo siempre corre el riesgo de ser una Seven patria (y de adelantarse, en ese aspecto, unos días a La novia gitana, que también tiene como referente a esa película de David Fincher), en el sentido de quedarse con lo impactante y lo brutal pero acabar siendo vacía. Donde mejor funciona la historia es en la confusión de Cardona, incapaz de reconocerse a sí mismo y muy consciente de que Santo siempre va por delante de ellos.

Esa realización de los policías de que ellos son las presas, y no Santo, y los toques de terror que acompañan cualquier acción de sus acólitos dan a la serie una mayor sensación de urgencia, de que nadie está a salvo. Hay un personaje, el de la amante de Santo, que generará más de una duda al espectador, y también aparecen otros que parecen puestos ahí solo para que estén en peligro pero, en general, Santo funciona como thriller adictivo. Es probable que se desmonte todo el tinglado si pensamos demasiado en ello, pero al menos intenta ser diferente del resto de thrillers que Netflix ha estrenado últimamente.