'Harley Quinn' es mucho más que la mejor comedia de superhéroes en su temporada 3
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'Harley Quinn' es mucho más que la mejor comedia de superhéroes en su temporada 3

La temporada 3 de 'Harley Quinn' ha finalizado en HBO Max con unos episodios que la han llevado más allá de su habitual parodia gamberra y bruta de los superhéroes de DC. Con la relación entre Harley y Poison Ivy como centro, se ha consolidado como una ficción a tener en cuenta.

Por Marina Such - 16 Sep 2022

Las series animadas, incluso las dirigidas al público adulto, tienen mayor riesgo de que pasen desapercibidas. Incluso títulos tan serios y con un tratamiento tan acertado de la depresión como BoJack Horseman corren ese riesgo por ser "de dibujitos". Dentro de las series de superhéroes, el gran público está como loco con las salvajadas de The Boys, que satiriza el género sin apenas freno, y en el apartado de comedias, El Pacificador es la que se menciona a menudo. Compartiendo plataforma con ella hay otra serie que hace gala de un humor que no deja títere con cabeza y unas dosis de violencia que hacen palidecer a esas dos ficciones: Harley Quinn.

Su temporada 3 ha terminado en HBO Max demostrando, no obstante, que es mucho más que salpicaduras de sangre y vísceras a cámara y los planes locos que a Harley se le ocurren para ser una villana a quien todos respeten. Estos capítulos se han construido sobre la relación romántica entre Harley y Poison Ivy, que había estado fraguándose en las dos entregas anteriores. En aquellas asistíamos a cómo Harley buscaba la manera de separarse para siempre de Joker y seguir su propio camino, y en esta, las tornas han girado hacia lo que quiere realmente Ivy.

Ella aporta, generalmente, el sentido común ante el entusiasmo desatado y la locura de de Harley, y también es un personaje que, pese a que nació en los cómics como villana (es una metahumana capaz de controlar las plantas a su antojo), fue ganándose al público porque sus pretensiones de luchar contra las megacorporaciones que contaminan el medio ambiente son, en el fondo, bastante legítimas. Su trama en la temporada empieza así, con buenas intenciones, pero como dice el refrán, el camino al Infierno está pavimentado con ellas.

Ivy se ha dejado llevar por sus, teóricamente, buenos propósitos.
Ivy se ha dejado llevar por sus, teóricamente, buenos propósitos.

En medio de genialidades como James Gunn dirigiendo una película para los Oscar sobre el padre de Bruce Wayne o toda la vida de Joker como padre de familia, al serie se ha dedicado a profundizar en Ivy, de la que habíamos visto, hasta ahora, cómo su misantropía derivaba en parte del abandono y la soledad que había sufrido de niña. Pero había estado en un segundo plano ante la evolución de Harley. Ahora que las dos están juntas (y que los creadores de la serie, Justin Halpern y Patrick Schumacker, han asegurado que nunca se separarán mientras ellos están involucrados en la ficción), la doctora Pamela Isles ha tenido su momento de protagonismo, sobre todo en el tramo final de la temporada.

Aunque hay que decir que es Batman quien precipita el declive a la villanía de Ivy por su obsesión en no superar el asesinato de sus padres. El octavo episodio de la temporada, Batman begins forever, es un brillante comentario no solo sobre la manía de la cultura pop por mostrar, otra vez, la muerte de Thomas y Martha Wayne cada vez que se hace una versión nueva del personaje, sino también sobre los claros problemas mentales subyacentes en todos los superhéroes. Ni siquiera el tan celebrado Batman de Christopher Nolan llega tan al fondo de su personalidad.

El bucle del asesinato en el que Harley se encuentra atrapada cuando entra en la mente de Bruce Wayne (es una historia muy larga), el empeño de él por mantener una promesa hecha por un niño traumatizado, las consecuencias de toda la represión de sus sentimientos... El capítulo, además, permite que Harley aplique esos conocimientos de psicología que pocas veces utiliza y la construye como la persona más empática de toda la serie, por mucho que ella quiera ofrecer una cara de villana imprevisible y peligrosa.

La relación entre Catwoman y Batman ha sido importante en la temporada 3 de 'Harley Quinn'.
La relación entre Catwoman y Batman ha sido importante en la temporada 3 de 'Harley Quinn'.

Harley Quinn se ha reído de los millonarios alejados de la realidad y sus "costumbres" decadentes (ese homenaje-parodia de Eyes Wide Shut), de las campañas políticas populistas, y solo se ha tomado en serio la pareja que forman Harley e Ivy y el trauma de Bruce. Su incapacidad para procesar que Catwoman no quiera seguir enrollándose con él y, sobre todo, que sus padres llevan treinta años muertos desata el pandemónium que arrasa Gotham, y que arrastra a Ivy a sus peores instintos, esos en los que está dispuesta a lo que sea con tal de cumplir su promesa de "terraformar" la ciudad de nuevo.

A los dos personajes les une la dificultad en reconocer que están pasando por una mala racha. Su empecinamiento en ignorar sentimientos de duelo, de tristeza o de enfado los lleva a huir hacia delante y causar todo tipo de problemas a su alrededor. Uno se da cuenta antes que la otra de que ha metido la pata, pero solo después de que una plaga de zombies plantificados invada la ciudad.

Harley Quinn ha conseguido hilar estos retratos con sus chistes habituales, y toda la temporada ha estado muy marcada por el peso de las relaciones entre padres e hijos, porque también Gordon y Batgirl, Joker con los hijos de su novia y King Shark con el legado de su progenitor han tenido episodios dedicados a ellos. Sin embargo, nunca se ha perdido de vista que el centro estaba en Ivy y Harley, en cómo trabajan para que su relación no sea solo "secuestrar" a Isabel II con el avión invisible de Wonder Woman, sino que haya confianza y puedan hablar de lo que sienten y lo que quieren. Y que se atrevan a ser sinceras entre ellas.