Ver o no ver: 'Bienvenidos al Wrexham' (Disney+)
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Ver o no ver: 'Bienvenidos al Wrexham' (Disney+)

Cada vez hay más series y menos tiempo para verlas. Por eso, cada semana elegimos una serie de estreno, analizamos su primer capítulo en pocas palabras y nos mojamos para descifrar si de ahí saldrá una buena historia. Esta semana, la elegida es 'Bienvenidos al Wrexham', la docuserie que cuenta cómo los actores Ryan Reynolds y Rob McElhenny compraron un club de fútbol galés de quinta división.

Por Marina Such - 23 Dec 2022

En lo más álgido de la pandemia de la COVID-19, a principios de 2020, el actor Rob McElhenny (Colgados en Filadelfia) tuvo la idea de comprar un equipo deportivo. Pero no una franquicia de la NFL o alguna liga menor de béisbol; se fijó en el Wrexham AFC, un club galés de la National League, la quinta división del fútbol británico, del que eran propietarios los hinchas tras la marcha de los desastrosos dueños anteriores y con un largo historial de decepciones deportivas y problemas económicos.

Pero McElhenny, que se confiesa un fan fatal de los Philadelphia Eagles de la NFL, necesitaba un socio inversor que aportara lo que él llama "dinero de Marvel", y contactó con Ryan Reynolds, que tiene una cartera de empresas que incluyen una marca de vodka y una firma de ciberseguridad (y la empresa de publicidad que intentó solucionar la crisis de imagen de Peloton tras la emisión del primer episodio de And just like that).

Los dos lanzaron una oferta sobre el Wrexham que los hinchas aceptaron y, a finales de 2020, se convirtieron en los nuevos propietarios del equipo con el objetivo de mejorarlo, de fortalecer sus lazos con la ciudad y de ascender a la Football League Two lo antes posible. La compra, por supuesto, se convirtió en una noticia que dio la vuelta al mundo y que centra la docuserie Bienvenidos al Wrexham que Disney+ estrenó recientemente.

De qué va 'Bienvenidos al Wrexham'

La docuserie encaja dentro de la tendencia actual de programas que echan un vistazo a los entresijos de un equipo de fútbol durante una temporada completa. En la propia Disney+ hay un ejemplo de ello, Feyenoord: solo hechos, que se centra en cómo ese equipo holandés sobrevive a todos los problemas derivados de la pandemia. En este caso, Bienvenidos al Wrexham se centra en los primeros compases de Reynolds y McElhenny como dueños de ese club galés, una maniobra que inicialmente se ve como una excentricidad de dos actores de Hollywood que se dejan llevar por las compras de millonarios estadounidenses de equipos de la Premier League como Manchester United o Liverpool (en el que tiene acciones LeBron James).

Los seis episodios de la serie, de media hora de duración, muestra como ambos actores tienen que ganarse la confianza de la plantilla y los empleados del Wrexham y, después, de sus aficionados, para quienes el equipo es una parte muy importante de sus vidas. Se enfatiza que en la ciudad al norte de Gales, cerca de la frontera con Inglaterra, todos consideran que estaría bien recibir alguna buena noticia después del declive imparable que sucedió al cierre de las minas y la industria del acero de las que vivía la región.

Lo mejor y lo peor

Rob McElhenny y Ryan Reynolds, en el palco durante un partido del Wrexham.
Rob McElhenny y Ryan Reynolds, en el palco durante un partido del Wrexham.

Cuando FX estrenó la docuserie en Estados Unidos, muchas de las críticas compartían un sentimiento; era realmente extraño ver a McElhenny y Reynolds intentando justificar su compra del Wrexham como algo más que una inversión con potencial de futuro. El primero cuenta que él entiende la conexión que los hinchas tienen con el equipo porque se crió en los barrios de clase trabajadora de Filadelfia y, para él, uno de los mejores días de su vida fue cuando los Eagles ganaron la Super Bowl en 2018. Es, en parte, el gran impulsor de la historia porque es quien busca a Reynolds como socio capitalista y quien parece estar más implicado con la suerte del equipo.

Por otro lado, lo que resulta más interesante es ver a los habitantes de Wrexham y a los aficionados contar lo que para ellos supone el club, lo frustrados que están después de llevar trece temporadas en la National League y de tener propietarios a quienes les importaba poco si el Wrexham ascendía o no. No estamos hablando de un club de la Premier League, sino de uno que milita en la última categoría profesional del fútbol inglés, donde no hay contratos televisivos y sus jugadores están muy lejos de ser estrellas.

Esa exploración de los verdaderos lazos entre club y comunidad, desde el dueño del pub junto al estadio a dos señoras que comentan la marcha del equipo en una cafetería, es lo que ayuda a "vender" Bienvenidos al Wrexham. Los fans sienten una mezcla de curiosidad, emoción y temor ante la llegada de Reynolds y McElhenny porque dudan de su compromiso con el club (por ejemplo, les cuesta encontrar un nuevo entrenador porque nadie cree que no vayan a venderlo en un año si no mejoran sus resultados) pero, al mismo tiempo, están cansados de dueños que no se han preocupado nunca por ellos y reciben con entusiasmo cualquier cambio.

'Bienvenidos al Wrexham' se centra en un equipo galés de la quinta división del fútbol británico.
'Bienvenidos al Wrexham' se centra en un equipo galés de la quinta división del fútbol británico.

El primer episodio de la serie da unas pinceladas de ese retrato de Wrexham mientras establece los motivos por los que McElhenny, principalmente, y Reynolds deciden meterse en ese embolado sin tener ni idea de soccer, como lo llaman ellos. El tono es bastante ligero, marcado en numerosas ocasiones por la tendencia de Reynolds a no tomarse a sí mismo demasiado en serio. Las bromas entre ambos son habituales y es divertido verlos aprender a marchas forzadas qué es eso del fútbol que se juega con los pies y el sistema de ascenso y descenso que rige en las ligas europeas.

En ese aspecto, está muy orientado a un público estadounidense para quienes el único fútbol posible es el de la NFL y en cuyos deportes ni se sube de categoría ni se pierde. Si un equipo entra en racha perdedora, sus dueños pueden venderlo y llevárselo a otra ciudad para reflotarlo (caso de, por ejemplo, los Seattle Supersonics de la NBA, transformados en Oklahoma City Thunder); son franquicias que no establecen la misma relación con sus ciudades que los clubes deportivos europeos.

Se entiende que eso le llame la atención a McElhenny y que la docuserie lo enfatice mucho. Para los espectadores más acostumbrados a otro modelo resulta llamativo que Bienvenidos al Wrexham tenga que explicarlo.

El veredicto

'Bienvenidos al Wrexham' es otra cara de las docuseries sobre fútbol.
'Bienvenidos al Wrexham' es otra cara de las docuseries sobre fútbol.

Puede resultar extraño que, por un lado, la docuserie parezca una historia, más o menos humorística, de cómo dos egocéntricos actores de Hollywood compran un equipo de un deporte del que no saben nada y, por el otro, sea una mirada a la unión entre la marcha de dicho equipo y la de la comunidad de fans y la ciudad que lo apoya. Esas dos facetas no siempre encajan bien y es inevitable que, a veces, chirríen. Sin embargo, como dirían los angloparlantes, tiene el corazón en el lado correcto. Cumple algo que Ryan Reynolds dice a los hinchas del Wrexham cuando hablan con ellos para convencerlos de que les vendan el equipo: ellos se tomarán a guasa a sí mismos, pero nunca al club.

Al final, el primer episodio resulta entretenido y deja con la curiosidad de saber cuáles serán los primeros pasos de los nuevos dueños una vez que se oficializa la compra. Logra presentar con gran eficacia algunas historias en Wrexham que aportan el lado más emocional, como la de un veterano jugador cuyo contrato acaba al final de la temporada, su mujer está esperando a su tercer hijo y es muy consciente de la realidad de un futbolista treintañero en las categorías más bajas de la liga.

En la moda actual de las docuseries sobre fútbol, esta tiene algo más de honestidad y resulta hasta refrescante alejarse de los muy mediáticos jugadores de los clubes más importantes. Es una historia de superación a la que ayuda esa ligereza tonal que parte, sobre todo, de la incapacidad de Ryan Reynolds para dejar de reírse de sí mismo y de McElhenny.