Ver o no ver: 'Harry Palmer: El expediente Ipcress' (Movistar Plus+)
Críticas
Ver o no ver: 'Harry Palmer: El expediente Ipcress' (Movistar Plus+)

Cada vez hay más series y menos tiempo para verlas. Por eso, si eres de los que les cuesta encontrar horas libres en el día, esto te interesa. Cada semana elegimos una serie de estreno, analizamos su primer capítulo en pocas palabras y nos mojamos para descifrar si de ahí saldrá una buena historia. Esta semana, le toca a 'Harry Palmer: el expediente Ipcress', un thriller británico de espías en los 60 en Movistar Plus+.

Por Álvaro Ortiz - 06 May 2022

A Michael Caine le pasa lo que al ciprés de Delibes: su sombra es alargada. Tanto, que nadie se había atrevido a imaginar a Harry Palmer en boca de otro actor... hasta ahora. El expediente Ipcress, la primera versión televisiva del espía de Len Deighton, recoge el guante en una misión suicida. Han pasado casi 60 años, y aún cuesta ver a Palmer en un rostro que no sea el del Caine treintañero. Y no es de extrañar: la primera aparición del personaje en Ipcress (1965) hizo famoso al actor británico e inició una pentalogía que abarcaría las tres décadas siguientes.

En el cine de espionaje, la saga de Harry Palmer —también Le Carré y películas como El espía que surgió del frío— construyó una alternativa realista y obrera al todopoderoso James Bond de Sean Connery. Por todo, medirse con el Palmer de Caine y Sidney J. Furie, su director, y querer jugar a lo mismo, sería una idea abocada al desastre. Eso no significa, sin embargo, tener que romper con la idiosincrasia del personaje; que sin duda es su punto fuerte. El concepto de espía de Harry Palmer: El expediente Ipcress y, por ende, de las novelas de Len Deighton, dibuja a un tipo de agente corriente, cercano, de andar por casa.

Si Bond bebe Dry Martini, conduce Aston Martins y se pega con supervillanos, Palmer es un currito que viene de abajo. Lo suyo es la oficina, no el casino. Tampoco es refinado ni cosmopolita, pero sí resolutivo y espabilado cuando toca codearse con la florinata. Dicho esto, si entre líneas se intuye un discurso de diferencia de clases es porque lo hay: aparte de que la Inglaterra de Palmer estaba brutalmente estratificada, el propio Deighton, en su niñez, venía de criarse entre sirvientes en los mews, aquellas casas diminutas que se usaban de cuadras para los caballos y carruajes de los señoritos de Londres.

De qué va

Berlín Occidental, 1963. Harry Palmer (Joe Cole, de Gangs of London) es un sargento británico al que arrestan por trapichear con productos de lujo en el mercado negro. A cambio de no pasar una larga temporada en la prisión militar de Colchester, el mayor Dalby (Tom Hollander), jefe de una rama top secret de la inteligencia inglesa, le ofrece una misión como espía en plena Guerra Fría. La idea es que colabore con la agente Jean Courtney (Lucy Boynton) para descubrir el paradero del profesor Dawson, un científico nuclear que está secuestrado en la propia Berlín por las fuerzas soviéticas y que, según parece, ha descifrado la clave para construir una bomba nuclear tres mil veces más destructiva que la de Hiroshima. Pero, si la operación es tan crucial, ¿por qué dejarla en manos de un matutero? Porque Palmer es el infiltrado perfecto: conoce los bajos fondos, sabe alemán y no tiene escrúpulos.

Lo mejor y lo peor

Tom Hollander brilla en 'Harry Palmer: El expediente Ipcress'.
Tom Hollander brilla en 'Harry Palmer: El expediente Ipcress'.

Uno de los grandes logros de Harry Palmer: El expediente Ipcress es crear una atmósfera del Berlín sesentero que se mueve entre lo oscuro y lo oscuramente sexy. El clima es denso, desafiante, traicionero. Brilla el vestuario de Keith Madden, experto en historias criminales y de espionaje —ha trabajado en películas como La gran mentira o El espía inglés, también sobre la Guerra Fría—; así como el diseño de producción de James Price, quien ha diseñado los escenarios de la oscarizada Judy y, en televisión, los de Trust u Hotel Halcyon, ambientada en los años 40. Mención aparte merece la imaginativa dirección de James Watkins —el mismo que dirigió a Daniel Radcliffe en La mujer de negro—, entregada a homenajear la puesta en escena semivanguardista de J. Furie en la cinta original, regalándonos un surtido de iluminaciones con luz dura, planos holandeses y encuadres naturales.

Bajo este envoltorio, el guion de John Hodge marca el camino. Nominado al Oscar por Trainspotting en 1997, el escritor escocés vuelve tras un lustro de parón creativo para adaptar a televisión la obra primigenia de la saga Palmer. Su libreto, valiente, decide respetar la época de la novela en lugar de ubicar la trama en un tiempo más cercano al presente. Sin embargo, por el camino se toma otras libertades. La principal: potenciar a Jean Courtney, un rostro secundario en la versión cinematográfica, que aquí mira de tú a tú al protagonista. Glamurosa, enigmática y con esencia a femme fatale, Courtney amplía el discurso anticlasista de la novela —Palmer, hay que resaltar, no pudo escalar en el ejército por su origen humilde—, incorporando un epígrafe más: qué implica querer ser una mujer independiente en una sociedad patriarcal.

Pasa lo contrario con Joe Cole y su Harry Palmer. El actor ya habló sobre las dificultades que tuvo para interpretar al espía: “Fue una batalla constante por intentar que no sonara como un idiota”. Y ahí está el problema: suena como un idiota. Si bien Michael Caine —las comparaciones son odiosas, lo sabemos— supo darle el toque de encanto justo a un personaje hierático y frío por naturaleza, Cole no consigue que pase de la insolencia, de la insulsez, de la falta total de carisma. Y, en este caso, un error de casting puede ser fatal. Tampoco ayudan las escenas que comparte con el mayor Dalby, que sin quererlo meten el dedo en la llaga situándole frente a un Tom Hollander (The Night Manager) que acapara la pantalla con su estiloso traje de tres piezas, su lengua viperina y su sorna made in England.

Veredicto

Joe Cole interpreta a Harry Palmer en televisión.
Joe Cole interpreta a Harry Palmer en televisión.

Agentes dobles, poderes fácticos, traiciones, secretos nucleares... Harry Palmer: El expediente Ipcress desempolva la célebre saga de espionaje de Len Deighton mediante una actualización que, en sus primeros compases, arranca lenta y lastrada —quien sabe si herida de muerte— por una versión de Palmer desprovista de genialidad. Su falta de punch hace que intentar conectar con la propuesta vía protagonista pueda convertirse en una tarea extenuante, por lo que es mejor acercarse a la serie por sus virtudes, que las tiene. Déjate engatusar por el atractivo de sus secundarios, su refrescante puesta en escena, o el excitante ambiente berlinés que se intuye entre la bruma de las esquinas. Así quizás —y solo quizás— después de seis capítulos puedas decir: va de menos a más.