'Westworld' cierra su temporada 4 con un notable paso adelante hacia el final
HBO
'Westworld' cierra su temporada 4 con un notable paso adelante hacia el final

El destino de la vida consciente e inteligente en la Tierra es de lo que está hablando 'Westworld', que ha cerrado su temporada 4 en HBO con un episodio que sitúa la serie en el camino de su final definitivo, si la cadena la renueva.

Por Marina Such - 16 Aug 2022

Si HBO renueva Westworld por una temporada 5, será la última. No hace falta que lo anuncien sus creadores, Jonathan Nolan y Lisa Joy, o la cadena: el último episodio de la cuarta entrega lo deja bien claro. Ha habido dominación de los humanos y dominación de los anfitriones y ninguna ha salido bien, y solo queda una última oportunidad. ¿Sabrán aprovecharla?

A partir de aquí habrá spoilers.

La temporada 4 de la ficción llegaba con el sambenito que muchos espectadores le habían colgado, sobre todo en la tercera, de ser confusa y tomar decisiones que bordeaban el ridículo. La lucha contra Rehoboam, la inteligencia artificial que dominaba las vidas de los humanos con sus predicciones, sí que tomó algunos desvíos un tanto extraños que se salvaban, en ocasiones, por la fuerza de Thandiwe Newton como Maeve y que situaban la serie en el terreno de Person of interest.

Sin embargo, Westworld nunca ha ido sobre los humanos que diseñaron los parques de Delos, sino sobre los anfitriones que sufrían en ellos. Es una serie sobre la rebelión de las máquinas, todo un clásico de la ciencia ficción, y la cuarta entrega ha retomado el nivel al centrarse, precisamente, en sus robots, en qué pasaría si obtuvieran todo por lo que habían peleado: libertad de sus creadores y un mundo hecho a su medida. Es decir, que se ha mirado más en el espejo de los cylones "pellejudos" de Battlestar Galactica.

Thandiwe Newton, como Maeve en la cuarta temporada de 'Westworld'.
Thandiwe Newton, como Maeve en la cuarta temporada de 'Westworld'.

Aquellos androides con forma humana vivían infiltrados entre los hombres con la misión de sabotearlos desde dentro y destruirlos. El problema era que, conforme más tiempo pasaban con ellos, más empezaban a cuestionarse no tanto la naturaleza de su realidad, como de sus pensamientos y emociones. Los cylones evolucionaban, querían conocer lo que era sentir amor, y eso los acercaba mucho más a sus antiguos creadores.

De manera similar, Hale no consigue entender por qué sus anfitriones no disfrutan del nuevo parque que ha creado para ellos, de esa especie de Matrix en la que los humanos pasan a ser los NPC (personajes no jugables). Teóricamente, han ganado; el parásito transmitido por las moscas convierte a los humanos en marionetas que Hale puede manejar a su antojo y, además, ofrece a los anfitriones la posibilidad de dejar atrás su cuerpo físico y trascender, convertirse en la forma más pura de sí mismos, una que no está atada al mundo físico.

Pero los anfitriones eligen seguir en sus cuerpos y Hale se aburre. Y es que la tecnología, los algoritmos y los códigos de programación no surgen de la nada: alguien los ha creado, y ese alguien ha puesto en ellos, aunque sea inconscientemente, parte de sí. Los anfitriones no pueden liberarse de algunos de los "defectos" que los humanos implantaron en ellos por el mero hecho de crearlos. El William anfitrión, por ejemplo, puede estar construido a partir de código de Hale, pero tiene recuerdos del William humano y, como él, el impulso de jugar hasta que sea el único ganador, el único que quede en pie.

'Westworld' ha mostrado esta vez la resistencia de los humanos contra los robots.
'Westworld' ha mostrado esta vez la resistencia de los humanos contra los robots.

Todo este panorama ha quedado claro en la segunda mitad de la temporada. La serie ha ido manejando dos líneas argumentales (aunque al principio parecían tres): por un lado, Caleb, Maeve y Bernard, peleando contra el dominio de Hale y, por el otro, la nueva versión de Dolores despertando otra vez a su identidad, a quién es ella realmente. Despojada de su cuerpo y de casi toda su identidad al final de la tercera temporada, en su sacrificio por destruir Rehoboam, Christina/Dolores se ha pasado los episodios confusa por su rol en todo esto, sin saber quién era ni para qué estaba escribiendo aquellas narrativas.

Al final, resulta que ella era el Demiurgo de Matrix, pero también ceñida a los planes de Hale y todavía atrapada en su bucle. Hasta reaparece Teddy para dejarlo aún más claro. Dolores, que fue de las primeras a las que Ford imbuyó de la posibilidad de despertar, que siempre ha mantenido cierta capacidad para ver la belleza y la bondad en el mundo, tiene en su mano la clave del final de la historia.

La cuarta temporada ha ido de una manera mucho más directa a contar su historia, pero ha tardado un poco en enseñar todas sus cartas. Habría merecido la pena explorar más esa obsesión de los anfitriones por pasar tiempo entre los humanos y ese impulso por el suicidio que sienten, antes que trascender. Todo ha merecido la pena para llegar a esa escena en la que Hale, casi sólo con su esqueleto robótico, pulveriza su perla. La perfección era aburrida y, además, estaba lejos de serlo.

Evan Rachel Wood, en la temporada 4 de 'Westworld'.
Evan Rachel Wood, en la temporada 4 de 'Westworld'.

Westworld siempre ha sido una serie más intelectual que emocional. Con sus anfitriones se permite explorar las ideas preconcebidas que cualquier avance tecnológico incluye intrínsecamente porque ha habido una persona que lo ha creado y programado. Si un software de reconocimiento de imágenes se desarrolla tirando de los empleados de una empresa que son mayoritariamente hombres blancos, ya tendrá un sesgo de base que marcará su funcionamiento.

A los anfitriones les ocurre algo parecido. Hale puede haber intentado liberarlos de las ataduras de los humanos, pero estos los crearon; sus sesgos están inseparablemente unidos a ellos.