‘Yo soy Groot’: por qué la nueva serie de Disney+ es tierna, adorable y... terriblemente hueca
Críticas
‘Yo soy Groot’: por qué la nueva serie de Disney+ es tierna, adorable y... terriblemente hueca

El segundo proyecto de animación de Marvel Studios demuestra que la franquicia sigue explorando nuevos formatos, esta vez con una simpática colección de cortos infantiles que, por desgracia, no podrían causar más indiferencia.

Por Álvaro Ortiz - 15 Aug 2022

Si usted es una persona ocupada y preocupada por el futuro del Universo Marvel, debe saber que Yo soy Groot no va a darle las respuestas que busca. Al contrario que What If...?, que se reveló como una sugerente —aunque irregular— introducción al multiverso, la segunda serie de animación de Marvel Studios tiene cero pretensiones. Es simpática, sencilla, no molesta y será, seguramente, una golosina para quiénes encontraron “adorable” al Baby Groot de Guardianes de la Galaxia 2. Ellos son los que disfrutarán viendo al arbolito surfear sobre una pastilla de jabón, luchar contra un bonsái o batirse en un duelo de baile al ritmo de Tito Puente. Porque más allá de eso, poco. Y aunque no sorprenda, sí que deja un regusto amargo que la serie no aproveche la ventaja de ser un producto aparte, libre de ataduras, para en lugar de perderse en anécdotas, atreverse con aventuras que de verdad quieran ser memorables.

Básicamente, Yo soy Groot es una colección de cinco microaventuras independientes, en la que se muestran distintos momentos de la infancia del personaje, casi como si fuera un álbum de fotos familiar: desde sus primeros pasos a sus primeras travesuras en la Milano. Baby Groot (Vin Diesel), como cualquier niño-árbol-inquieto, juega, pinta, baila, corre y se esfuerza en convertir cada segundo en diversión mientras descubre el mundo que le rodea. Pero no esperen —y esto es un punto a favor— una moraleja al final del capítulo, ni mensajes positivos sobre el esfuerzo o la amistad: el temperamento de este Groot lo acercan más a una versión ofuscada, gamberra y vegetal de Pocoyó. Evidentemente es una serie infantil —y el arbolito es adorable cada maldito segundo—, pero quienes acompañen a sus hijos en el visionado percibirán cierto atisbo de mala leche que, la verdad, te roban una sonrisita traviesa.

'Yo soy Groot' muestra la infancia del personaje.
'Yo soy Groot' muestra la infancia del personaje.

Kirsten Lepore, devota del maestro Jim Henson, es la responsable de un producto que —pese a estar, premeditadamente o no, vacío de contenido— resulta técnicamente perfecto, con un CGI hiperrealista y un cuidado tan exquisito por los detalles, la iluminación y el color, que hacen de cada plano una chulada visual. Sin embargo, da rabia que, aún siendo Yo soy Groot un extra dentro del elenco infinito-multiversal de Marvel, el proyecto no conserve ni una hebra de la personalidad de Lepore. Ella, conviene recordar, es un talento emergente dentro de la animación en stop-motion: dirigió Bad Jubies, uno de los episodios más singulares de Hora de Aventuras. ¿Guiarse por su olfato habría sido una buena idea? Seguramente. Pero la serie prefiere desperdiciar esa bala, en vez de aprovechar un proyecto así, de perfil bajo, para huir del estándar y regalar a los fans algo distinto, incluso —con muchas comillas— experimental.

Igualmente estaríamos hablando solo del envoltorio, porque en el fondo Yo soy Groot no es más que una excusa para ver un surtido de situaciones intrascendentes, algunas con más gracia que otras —el capítulo de la civilización en miniatura es bueno—, pero que no van a ninguna parte. Si esto forma parte del camino de exploración de Marvel hacia nuevos formatos, definitivamente queda mucho por hacer. Y repito: los incondicionales de Baby Groot disfrutarán sus aventuras ágiles y compactas, con gags visuales constantes purpurineando entre lo 'cute' y lo juguetón. Pero podría haber sido más, sobre todo teniendo detrás a una orfebre de la animación frame a frame, y a un Vin Diesel chillón y desquiciado, entregado a darnos la versión más bullanguera del personaje. Lástima que todo esté al servicio de nada.